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Primero las comunidades

El principal aprendizaje de estos años es que la vivienda no puede entenderse únicamente como una unidad física. Los hogares no son números en una base de datos ni destinatarios pasivos de una vivienda. Son personas, familias y comunidades, portadoras de saberes, capacidades y proyectos de vida que deben participar en las decisiones sobre el territorio que habitan.

Por eso, durante el Gobierno del Presidente Gustavo Petro impulsamos una transformación de enfoque. Pasamos de una visión centrada en la entrega de viviendas y en hogares entendidos principalmente como sujetos de crédito, a una política integral de hábitat que reconoce que la dignidad humana se construye en comunidad.

La experiencia de Colombia demuestra que numerosos proyectos de vivienda desarrollados durante décadas fueron concebidos bajo una lógica estandarizada: viviendas pequeñas, repetitivas, frecuentemente desconectadas de las realidades territoriales y con escasa participación de las familias en su concepción. En muchos casos ello derivó en problemas de convivencia, fragmentación social, deterioro físico, inseguridad y dificultades para la sostenibilidad de los proyectos. La vivienda por sí sola no construye comunidad; la participación, el diálogo de saberes, la organización social y el arraigo territorial sí.

Por eso decidimos poner en el centro a las comunidades y fortalecer procesos de organización, participación, diálogo social, autogestión y autoconstrucción. Cuando una comunidad participa en la planeación, administración y ejecución de sus proyectos, no solo se construyen viviendas: se fortalece el tejido social y la capacidad colectiva para transformar y cuidar el territorio.

Esta visión reconoce además una realidad innegable: una parte muy importante de Colombia fue construida por las propias comunidades. Millones de familias levantaron sus viviendas con su propio esfuerzo, trabajo y determinación.

Hoy cerca de 4,8 millones de hogares presentan déficit habitacional. Sin embargo, alrededor de 3,6 millones corresponden a déficit cualitativo, mientras cerca de 1,2 millones corresponden a déficit cuantitativo. Esto significa que el principal desafío del país no es únicamente construir nuevas viviendas, sino mejorar las condiciones de habitabilidad de millones de hogares cuyas viviendas ya existen, pero presentan carencias en acceso al agua, saneamiento básico, habitabilidad y otras condiciones esenciales para una vida digna.

Por ello impulsamos más de 244.000 mejoramientos de vivienda financiados, junto con vivienda nueva rural, acceso a vivienda usada, titulación, construcción en sitio propio y programas de autogestión y autoconstrucción. Asimismo, fortalecimos el papel de la banca pública y del Fondo Nacional del Ahorro para ampliar las oportunidades de acceso a vivienda para hogares ahorradores. Todo ello bajo una lógica de sistema habitacional que reconoce la diversidad de soluciones que requieren los territorios: un verdadero abanico de soluciones habitacionales.

Pero el aporte más importante de Nuestro Hábitat Biodiverso es haber entendido que la vivienda no puede separarse de las demás condiciones que hacen posible una vida digna. Una familia no supera la precariedad únicamente porque recibe una vivienda. También necesita acceso al agua potable, saneamiento básico, manejo adecuado de residuos, espacio público, equipamientos comunitarios, seguridad jurídica sobre el suelo y oportunidades para participar en la construcción de su propio futuro.

Por eso articulamos vivienda, agua, saneamiento, Basura Cero, legalización de barrios, titulación de predios, espacio público y fortalecimiento comunitario en los territorios con mayores niveles de vulnerabilidad, a través de Barrios y Veredas de Paz y de los Planes de Gestión Integral del Hábitat.

Esta visión también contribuyó a resultados sociales más amplios. La pobreza multidimensional se redujo de 12,9 % a 9,9 %, permitiendo que 1,4 millones de personas superaran privaciones asociadas a vivienda, servicios públicos, educación, salud y empleo. El sector vivienda, agua y saneamiento fue uno de los que más aportó a este resultado. Al mismo tiempo, promovimos soluciones habitacionales y procesos comunitarios que fortalecen la economía popular, permitiendo la existencia de pequeños negocios familiares, actividades productivas en los primeros pisos, espacios para el cuidado comunitario y entornos que dinamizan la vida económica y social de los barrios.

Asimismo, promovimos una visión de vivienda diferencial, entendiendo que Colombia es un país diverso en culturas, ecosistemas y formas de habitar. No puede construirse igual en una ranchería wayuu, en una comunidad amazónica, en un territorio afrodescendiente, en un páramo o en un barrio urbano popular.

La vivienda de hoy y la del futuro debe dialogar con el territorio y cuidar todas las formas de vida. Debe incorporar soluciones como energías renovables, aprovechamiento y reúso del agua, economía circular, Basura Cero, materiales adecuados a cada contexto y estrategias de adaptación al cambio climático. No se trata solamente de construir casas, sino de consolidar hábitats capaces de sostener la vida.

El verdadero debate no es entre vivienda nueva y mejoramiento. Colombia necesita ambas. La pregunta de fondo es si entendemos la vivienda como un producto que se entrega o como un derecho que se construye colectivamente.

Nuestro Hábitat Biodiverso parte de una premisa sencilla: las comunidades son protagonistas de la transformación de sus territorios. La vivienda es un medio para fortalecer la vida en comunidad, reducir desigualdades, construir paz y cuidar la naturaleza.

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Modificado el Dom, 07/06/2026 - 13:23